Enero siempre llega con una mezcla curiosa de expectativas y cansancio. Apenas se apagan las luces de diciembre, ya nos toca retirar el árbol navideño —y para muchos, como en mi caso, hasta eso resulta un poco difícil—. El calendario parece empujarnos con fuerza: nuevos comienzos, propuestas de negocios, listas de metas ambiciosas e interminables promesas de “ahora sí”.
Todo es prisa, urgencia y comparación. Y, sin embargo, cada lunes de enero yo recuerdo a la oruga. La oruga no corre. No porque no quiera llegar a ser mariposa, sino porque su proceso no admite atajos. Ella avanza a su propio ritmo, se alimenta, se detiene y muda de piel las veces que sean necesarias. No compite con nadie ni se angustia por el tiempo. Simplemente es, y en ese ser constante, se prepara con intención para lo que vendrá.
Enero, para mí, se parece mucho a esa etapa silenciosa. Es un mes que invita más a observar que a acelerar. Aunque el mundo nos diga lo contrario, no todo tiene que resolverse en los primeros treinta y un días del año. No todas las decisiones importantes necesitan tomarse bajo la presión del estreno, ni todos los cambios deben ejecutarse de inmediato. Hay procesos que necesitan reposo, pausa y, sobre todo, una escucha interna profunda.
Vivimos en una cultura que exalta la velocidad. Correr parece sinónimo de éxito; si no avanzas rápido, sientes que te quedas atrás. Pero la oruga nos enseña que avanzar lento también es avanzar. Que el crecimiento verdadero no siempre es visible desde afuera; muchas veces ocurre en lo invisible, en lo interno, en aquello que nadie aplaude ni publica.
Recuerdo los consejos de una sabia amiga con la cual he aprendido mucho sobre productividad: “Eres una corredora natural; sin embargo, necesitas detenerte de manera consciente y contar tus días de manera que te traigan al corazón sabiduría…”. Y vaya si he tenido que aprender —y sigo aprendiendo— a enfocarme, bajar la intensidad, reducir la velocidad y a cambiar la urgencia por la intención.
Vivir un enero sin prisas es un acto casi revolucionario. Es la decisión consciente de no forzar el paso solo para cumplir con expectativas ajenas. Es permitirnos empezar el año con suavidad, reconociendo que venimos de meses intensos, de cierres y de balances emocionales.
Cuando pienso en la oruga, pienso también en la paciencia y en la intención de confiar en que cada etapa tiene sentido, aunque no siempre entendamos el para qué. Hay momentos del año en los que simplemente no estamos listos para volar, y eso está bien. Pretender alas antes de tiempo puede rompernos.
Este mes es una oportunidad para observar hábitos, no necesariamente para cambiarlos todos de golpe. Es el momento para identificar qué pieles ya no nos quedan y cuáles necesitamos conservar un poco más. Como la oruga, podemos darnos permiso de quedarnos donde estamos mientras fortalecemos lo esencial.
No se trata de renunciar a los sueños ni dejar de hacer la lista de metas. La oruga jamás pierde de vista que un día será mariposa, ni que su destino es el vuelo. Simplemente entiende que ese resultado depende del cuidado del proceso: de alimentarse bien, de descansar y de respetar sus propios tiempos. Tal vez esa sea la lección más valiosa para comenzar este 2026: que nuestras metas necesitan de nuestra paciencia tanto como de nuestro esfuerzo.
Enero con intención es caminar, no con ansiedad, sino con propósito. Es recordar que no todo florece en el mismo mes ni de la misma manera. Que el verdadero avance no siempre hace ruido.
Así que, si este lunes te sientes más oruga que mariposa, abrázalo. No corras. Estás exactamente donde necesitas estar. Vive cada día con la intención de aprender de tu presente, sabiendo que el vuelo llegará en su tiempo perfecto. Mientras tanto, honra el proceso, y disfruta el viaje maravilloso de esta vida, mientras esperamos con esperanza y firmeza nuestro destino final: el Cielo.
«Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.» (Eclesiastés 3:11 - NVI)
¡Feliz y bendecida semana!
Con cariño,
Nataly Paniagua






